ARTE EGIPCIO – INTRODUCCIÓN

TEMA 1: INTRODUCCIÓN: LOS FUNDAMENTOS DEL ARTE EGIPCIO

1. El contexto histórico del Egipto faraónico
1.1 El medio geográfico

Geográficamente, Egipto ha sufrido pocos cambios desde que el historiador griego Herodoto lo calificase como un don del Nilo. El gran río cubría de fecundo limo las tierras del valle con una periodicidad matemática, formándose una larga y estrecha línea de tierra fértil (Alto Egipto) con un amplio delta que se abre al Mediterráneo (Bajo Egipto).

Egipto - marco geográfico

Los antiguos egipcios denominaron a su país Kemet (“Tierra Negra”), en alusión a las oscuras tierras de limo fértil del valle del Nilo y para diferenciarlo de la vasta, árida y despoblada región desértica denominada Khaset (“Tierra Roja”).

El Nilo, el río más largo del mundo, discurre a lo largo de más de seis mil kilómetros hacia el Mediterráneo. Sus aguas nacen en dos fuentes: los lagos del África Central (“Nilo Blanco“) y las montañas de Etiopía (“Nilo Azul“). Estas dos ramas se unen en la actual Jartum, la capital del Sudán del Norte. A partir de esta ciudad, el Nilo presenta seis cataratas o rápidos debidos a un ligero desnivel y sobre todo a las rocas que generan una corriente que muchas veces hace ese tramo del río imposible de navegar.

Cuenca del Nilo

Todos los años, copiosas lluvias en las llanuras de Etiopía llenan el Nilo Azul. La crecida llega a Asuán a principios de junio, inundando todo Egipto hasta finales de septiembre cuando la crecida llega al delta. A mediados de octubre, las aguas comienzan a retirarse para volver a su cauce normal en noviembre. Durante algunos meses, todo Egipto se encuentra bajo el agua, emergiendo de ella una fertilísima capa de limo que admite hasta dos cosechas anuales. Sin embargo, si la crecida estival era escasa, no se producían los suficientes cultivos para cubrir las necesidades alimenticias de la población, pudiéndose generar terribles hambrunas. Por ello, se construyeron complejos sistemas de canales, diques y terrazas para garantizar la seguridad de las plantaciones.

El Nilo divide el extremo nororiental del desierto del Sahara en dos: la zona oriental o desierto arábigo y la zona occidental o desierto líbico. El desierto encierra minerales preciosos como el oro, la plata o las turquesas, pero sobre todo, aísla Egipto de otras culturas. Los márgenes de ambos desiertos tuvieron caracteres claramente diferenciados en la Antigüedad, siendo la orilla oriental la residencia de los vivos, al salir el sol por el este, mientras que la ribera occidental se empleó fundamentalmente como lugar de enterramiento, al ponerse este astro por el oeste.

El aislamiento que la naturaleza les imponía y la suficiencia de sus recursos despertaron en los egipcios una sensación poco común de seguridad, e incluso de superioridad sobre el resto de las culturas, cuya existencia misma llega a ser ignorada en algunos casos.

1.2 El poder faraónico y la administración del Estado

El sistema político del Antiguo Egipto se basaba en la figura de un rey de carácter divino. El origen de la realeza se encuentra en la imagen del “rey-hechicero” con “poderes” para provocar las crecidas del Nilo o fertilizar los campos y pastos, dentro de una sociedad de carácter tribal con una economía agropecuaria. Los jefes-pastores solían representarse con cayado y perilla de cabra, cuyos cargos se ligaban a la capacidad vital del individuo para demostrar sus facultades extraordinarias al resto de la comunidad.

Con la evolución de la comunidad, surgió una nueva figura de realeza, el “rey-guerrero“, capaz de imponerse por la fuerza y de perpetuar su autoridad a través de distintas ceremonias de renovación como el “Festival Sed” o Fiesta del Jubileo.

El tercer momento de esta evolución corresponde a la figura del “rey-dios“, antropomorfizado en época protohistórica, pero ya identificado en sus funciones con la pacificación y unificación del país originariamente divididos en dos regiones: el Bajo Egipto, al Norte, simbolizado por la corona roja, y el Alto Egipto, al Sur, por la corona blanca.

Coronas del Alto y Bajo Egipto

Tras la unificación, el rey es considerado como el dios Horus en la tierra, capaz de mantener el orden universal. Esta concepción se mantendría hasta la crisis de finales del Reino Antiguo, cuando el Estado se disgregó y la función de la realeza pasó a gobernadores provinciales. Con el Reino Medio, el carácter divino se trasladó de la persona a la institución, manteniéndose así posteriormente.

La vinculación del rey con los dioses quedaba reflejado en los cinco títulos que recibía el faraón. Cada título iba asociado con un nombre propio o epíteto del rey. El protocolo completo del rey no fue una creación puntual, sino que los títulos fueron apareciendo y sumándose a él progresivamente, quedando definitivamente fijado desde la Dinastía V en el Reino Medio.

1) Título de Horus: identificaba al rey con este dios. Se escribe encabezado por el jeroglífico del halcón (símbolo de Horus) y dentro de un rectángulo llamado “serekh“, que evoca el palacio real, símbolo de la esencia del propio rey. Fue el primer título en aparecer, adoptado desde finales del Predinástico hasta la Dinastía I.

Título Horus con serekh del faraón Dyet (Dinastía I)

2) Título de Nebty o “Dos Señoras“: se refiere a las diosas tutelares del Alto y Bajo Egipto, Nejbet y Uadyet, protectoras del rey. En jeroglíficos se representa con el buitre y la cobra. Surgió a finales de la Dinastía I.

Titulatura Nebty

3) Título de Horus de oro: probablemente aludía a la divinidad del rey como criatura solar. Se forma con el conjunto de dos jeroglíficos, el halcón sobre el signo de oro. Apareció a finales de la Dinastía III, en el Reino Antiguo.

4) Título de Nesut-bity o “Rey del Alto y Bajo Egipto“: alude a las dos mitades en que se divide simbólicamente el Estado egipcio. Se escribía precedido por el junco y la abeja sobre el jeroglífico “cesto”, y  dentro de un signo ovalado, denominado “cartucho”, que simboliza el circuito del Sol. Apareció a mediados de la Dinastía I, siendo el segundo título en aparecer.

Titulatura Nesut bity

5) Título de Sa-Ra o “Hijo de Re“: alude a la filiación solar del rey. Este título se escribía también dentro de un “cartucho” y precedido por el signo del pato y del signo del sol. Fue el último título en incorporarse al protocolo, apareciendo a mediados de la Dinastía IV.

Los reyes de las primeras dinastías (hasta la Dinastía III), son conocidos por el nombre correspondiente al Título de Horus, mientras que desde la Dinastía IV en adelante, son conocidos por los nombres correspondientes bien al título del “Rey del Alto y Bajo Egipto”, bien al título de “Hijo de Re”. Así pues, el faraón Ramsés II, recibe su nombre por el último título:

Ramsés II:
1) “Horus: El toro poderoso, el amado de Maat”
2) “Dos Señoras: Aquel que protege a Egipto y somete a los países extranjeros”
3) “Horus de oro: Rico en años y grande en victorias”
4) “Rey del Alto y Bajo Egipto: Usermaatre (Re es poderoso en justicia) Setepenre (Escogido de Re)”
5) “Hijo de Re: Ramessu (Es Re quien lo ha generado) Meriamon (El amado de Amón)”

Ramsés II - Titulatura completa

Egipto fue un Estado territorial centralizado en el que aparecieron conceptos como el ordenamiento urbano, la administración, el derecho, la escritura, la diplomacia o el comercio internacional. El territorio egipcio se dividió en numerosas provincias, denominadas nomos, gobernadas por un visir. El número de nomos fue variando a lo largo de la historia de Egipto, aunque se puede establecer el número estándar de veintidós nomos para el Alto Egipto y veinte nomos para el Bajo Egipto. La sociedad egipcia aplicó e hizo funcionar una compleja maquinaria burocrática, donde los funcionarios formaban un sector privilegiado, especialmente los escribas, encargados de la gestión del Estado y en la custodia de su ideología.

La gran mayoría de la sociedad egipcia era campesina, responsables de la siembra de los campos al retirarse las aguas, cuidado y segado de los cereales en los depósitos. Se recogía el lino, se iba de caza al desierto y a la pesca en el Nilo. En la ciudad trabajaban los artesanos, como alfareros, escultores, ebanistas, armeros, orfebres, curtidores… etc. Durante los meses de inactividad agrícola, parte de esta población estaba obligada a prestar servicios al Estado, construyendo obras hidráulicas, participando en expediciones regias para la obtención de materias primas , colaborando en la construcción de grandes monumentos o interviniendo en campañas militares.

No fue hasta el Reino Nuevo el periodo en el que se tiene constancia de la presencia de esclavos, vinculados sobre todo en el ámbito doméstico. Los amos, al fallecer, se hacían enterrar con figurillas denominadas ushabti, que representaban a servidores y ayudantes que pudieran aliviarlos de las fatigas en el Más Allá. Este cortejo de servidores, en forma de figurillas, eran el modelo de lo que acostumbraban a hacer en vida, con la misión de responder, si al difunto se le solicitaba que cumpliera alguna actividad.

1.3 Cronología

La historia de Egipto se desarrolló durante más de tres mil años, siendo estructurada en distintos periodos que varían de unos historiadores a otros. La periodización de la historia de Egipto se divide en tres etapas centrales: Reino Antiguo, Reino Medio y Reino Nuevo. En la nomenclatura de estas etapas centrales existen dos tradiciones distintas: los egiptólogos ingleses e italianos prefieren utilizar el término “Kingdom” y “Regno“, es decir “Reino”, mientras que los egiptólogos franceses y alemanes utilizan “Empire” y “Reich“, esto es “Imperio”.  La tradición egiptológica española utiliza ambos términos, aunque se tiende a usar preferiblemente “Reino” puesto que  solamente el Reino Nuevo puede considerarse realmente un imperio.

Estas etapas centrales, caracterizadas por una fuerte centralización política y una monarquía faraónica fuerte, están separadas entre sí por los denominados “Periodos Intermedios”, etapas de disgregación política y luchas por la supremacía de una región.

Junto a estos seis periodos, se han añadido las denominadas “Épocas”: Una época previa al Reino Antiguo, Época Predinástica y Tinita, y dos épocas posteriores al último Periodo Intermedio, la Baja Época y la Época Grecorromana.

A su vez, todos estos periodos se subdividen en Dinastías, siguiendo un término propuesto por primera vez por el sacerdote egipcio Manetón de Sebennitos, que vivió entre los años 305 y 285 a. C. Manetón escribió una obra en tres volúmenes titulada Aegypthiaca por encargo de Ptolomeo II Filadelfio, hombre culto que quería conocer bien la historia del pueblo que tenía que gobernar. Sin embargo, la obra no ha llegado hasta nosotros, conservándose tan sólo un epítome o resumen de la obra, en el que se determinan las series de las dinastías, con los nombres de los faraones y los años de reinado.

De este epítome se han conservado distintas versiones a través de cronógrafos cristianos: Julio Africano (en el siglo III d. C.), Eusebio de Cesarea (siglo IV d. C.), y Jorge Sincelo (monje bizantino del siglo VIII d. C.).

Las dinastías faraónicas determinadas por Manetón no se corresponden forzosamente con una familia reinante, sino que se trata de una secuencia convencional de reyes determinada en función de criterios distintos del familiar. Así pues, se agrupan en una misma dinastía los faraones que gobernaron desde una misma capital, o en función de un cambio en el ritual funerario, etc… Por ejemplo, el paso de la Dinastía III a la Dinastía IV (cuya relación es de padre-hijo), viene determinado por el paso de la pirámide escalonada a la pirámide de caras lisas. La división en dinastías se realiza por razones de carácter ritual o de carácter geo-político, sin estar vinculado con la relación de parentesco, ya que muchas veces, una misma familia comporta distintas dinastías sucesivas.

Además de los escritos de Manetón, existen otras fuentes previas a él, que seguramente consultó para elaborar su lista de faraones. Estas fuentes son el Papiro de los reyes de Turín, las Listas reales de Abidos o la Piedra de Palermo.

Papiro de los Reyes de Turín: También denominado “Canon Real de Turín” se conserva en el Museo Egipcio de Turín. Se trata de un papiro hallado a principios del siglo XIX en una tumba de la necrópolis Tebana en el que se mencionan los nombres de los faraones que reinaron Egipto y los años que duraron sus reinados.  Aunque se halló prácticamente intacto, en su traslado a Luxor sufrió de manera irremediable, fragmentándose en centenares de partes y perdiéndose muchos otros trozos. Los egiptólogos han tenido que realizar un trabajo muy minucioso de recuperación y recolocación de los fragmentos para descifrar parte de la lista real.

Canon Real de Turín

Listas reales de Abidos: Otros documentos fundamentales son las listas reales que se elaboraron en época ramésida (Dinastía XIX), esculpidos en los templos de Seti I y Ramsés II en Abidos. En el Templo de Seti I, aparece representado el faraón Seti I con su hijo Ramsés (futuro Ramsés II), y una gran lista real con los nombres de todos los antecesores regios. Esta lista es un documento de carácter ritual, pensado para rendir homenaje a los antepasados.

Lista real del Templo de Seti I (Abidos)

La segunda lista, procedente del Templo de Ramsés II, también en Abidos, se conserva en la actualidad en el Museo Británico, a diferencia de la anterior que sigue en su posición original. Estas listas reales no están completas pues no aparecen aquellos faraones que no respondieron a un arquetipo y fueron condenados a la damnatio memoriae, como es el caso de los reyes de Amarna o la reina Hatshepsut.

Piedra de Palermo: Se trata de un fragmento de piedra basáltica conservada en el Museo de Palermo. Esta pieza corresponde a un documento mucho más grande y mucho más completo del que se han conservado otros pequeños fragmentos repartidos entre el Museo del Cairo y el British Museum de Londres.

Piedra de Palermo

Esta lista fue elaborada durante la Dinastía V, recogiendo todos los reyes desde la Dinastía I hasta el tercer rey de la Dinastía V, Neferirkara Kakai, quien probablemente ordenó la confección de esta lista.

Reconstrucción del documento completo

Las líneas están divididas en tres registros: en el registro superior contiene el nombre del rey y el nombre de su madre, mientras que en los dos registros inferiores están subdivididos en casillas que corresponde a un año del reinado y en el que se inscriben los acontecimientos más importantes de ese año y en el registro más inferior se consigna la altura de la crecida del Nilo.

Atendiendo a todos estos documentos y a las evidencias arqueológicas, los historiadores han conformado una cronología para la historia de Egipto con ligeras diferencias en sus límites de datación.

Cronología Civilización Egipcia

. ÉPOCA PREDINÁSTICA (4500 – 2920 a. C.):
(V y IV milenios a. C.)

– Badariense (4500 a. C.)
– Nagada I (4000 a. C.)
– Nagada II (3500 a. C.)
– Fundación del Estado egipcio (hacia el 3000 a. C.)

. ÉPOCA PROTODINÁSTICA O TINITA (2920 – 2649 a. C.):
(Primera cuarto del III milenio a. C.)

– Dinastía I (2920 – 2770 a. C.)
– Dinastía II (2770 – 2649 a. C.)

Cronología Egipto - Epoca Tinita

. REINO ANTIGUO (2649 – 2150 a. C.):
(Segunda mitad del III milenio a. C.)

– Dinastía III (2649 – 2575 a. C.)
– Dinastía IV (2575 – 2465 a. C.)
– Dinastía V (2465 – 2323 a. C.)
– Dinastía VI (2322 – 2150 a. C.)

Cronología Egipto - Reino Antiguo

. PRIMER PERIODO INTERMEDIO (2150 – 2040 a. C.):
(Finales del III milenio a. C.)

– Dinastías VII – VIII (2150 – 2134 a. C.)
– Dinastías IX – X (2134 – 2040 a. C.), Heracleopolitanas
– Dinastía XI (2134 – 2040 a. C.), Tebana

Cronología Egipto - Primer Periodo Intermedio

. REINO MEDIO (2040 – 1793 a. C.):
(Primer cuarto del II milenio a. C.)

– Dinastía XI (2040 – 1991 a. C.)
– Dinastía XII (1991 – 1793 a. C.)

Cronología Egipto - Reino Medio

. SEGUNDO PERIODO INTERMEDIO (1793 – 1550 a. C.):
(Segundo cuarto del II milenio a. C.)

– Dinastía XIII (1793 – 1640 a. C.)
– Dinastía XIV (grupo de reyes menores contemporáneos a las Dinastías XV y XVI)
– Dinastía XV (1585 – 1542 a. C.). Reyes hicsos
– Dinastía XVI (gobernantes menores contemporáneos a la Dinastía XV)
– Dinastía XVII (1640 – 1550 a. C.). Reyes tebanos

Cronología Egipto - Segundo Periodo Intermedio

. REINO NUEVO (1550 – 1070 a. C.):
(Segunda mitad del II milenio a. C.)

– Dinastía XVIII (1550 – 1307 a. C.)
– Dinastía XIX (1307 – 1196 a. C.)
– Dinastía XX (1196 – 1070 a. C.)

Cronología Egipto - Reino Nuevo

. TERCER PERIODO INTERMEDIO (1070 – 712 a. C.):
(Primer cuarto del I milenio a. C.)

– Dinastía XXI (1070 – 945 a. C.), Dinastía Tanita
– Dinastía XXII (945 – 712 a. C.), Dinastía Libia
– Dinastía XXIII (828 – 712 a. C.). Reyes de varias líneas coetáneas reconocidos en distintas zonas de Egipto
– Dinastía XXIV (724 – 712 a. C.). Efímeros reyes con capital en Sais
– Dinastía XXV (770 – 712 a. C.), Dinastía Kushita o Nubia. Gobierna en Nubia y área de Tebas

Cronología Egipto - Tercer Periodo Intermedio

. BAJA ÉPOCA (712 – 332 a. C.):
(Mediados del I milenio a. C.)

– Dinastía XXV (712 – 657 a. C.), Dinastía Kushita o Nubia. Gobierna en Nubia y todo Egipto.
– Dinastía XXVI (664 – 525 a. C.), Dinastía Saíta
– Dinastía XXVII (525 – 404 a. C.), Primer Periodo Persa
– Dinastía XXVIII (404 – 399 a. C.)
– Dinastía XXIX (399 – 380 a. C.)
– Dinastía XXX (380 – 343 a. C.)
– Dinastía XXXI (343 – 332 a. C.), Segundo Periodo Persa

. ÉPOCA GRECORROMANA (332 a. C. – 395 d. C.):
(Finales del I milenio a. C. y principios del I milenio d. C.)

– Dinastía Macedónica (322 – 304 a. C.)
– Dinastía Ptolemaica (304 – 30 a. C.)
– Emperadores romanos (30 a. C. – 395 d. C.)

Cronología-Egipto

1.4 Sociedad egipcia

El medio geográfico y la suficiencia de sus recursos naturales propició que el país se mantuviese aislado de culturas externas y que sus creencias perviviesen durante milenios. Pese a ello, la sociedad egipcia estaba compuesta de muchas razas. Durante la Prehistoria, el Sáhara fue el caldo de cultivo de pueblos y culturas que en el transcurso de varios siglos, numerosos grupos se fueron asentando en el Nilo, mezclándose todos ellos con la población previamente existente. Paulatinamente, el país recibió las contribuciones étnicas de Nubia en el Alto Egipto y del Oriente Próximo en el Bajo Egipto, para finalmente afincarse libios, griegos y romanos. Todas las etnias se fusionaron y se armonizaron gracias a un ambiente particular y fundamental para la supervivencia, basado en la sociedad agrícola.

En época prehistórica (hasta el fin del Paleolítico), el hombre vivía en las terrazas nilóticas porque sus actividades principales eran la caza y la recolección, y el ambiente ideal era la sabana de las altiplanicies. Con el Neolítico y el inicio de la auténtica ocupación de Egipto (alrededor del 7000 a. C.), la aparición de la agricultura requirió situarse cerca del agua. Las crecidas fluviales eran incontroladas y desastrosas, por lo que el hombre egipcio tuvo que aprender a defenderse con diques que detuvieran el agua y canalizaciones que drenaran los campos anegados. Estas obras hidráulicas permitió ampliar sus campos y controlar la productividad de las llanuras.

La organización estatal era la única que podía coordinar las fuerzas en una planificación a gran escala, creando un inmenso sistema de canalizaciones y diques que convirtió a Egipto en una nación próspera y organizada. Se estructura así una sociedad jerarquizada y piramidal, en la que en su vértice superior se hallaba el faraón con su familia y nobles más allegados. Debajo se encontraban los funcionarios, escribas y sacerdotes, un grupo privilegiado frente al resto de la población, compuesta de artesanos, campesinos y finalmente los escasos esclavos reclutados entre los condenados por la justicia y los prisioneros de guerra. En este mayoritario estamento, sus miembros estaban obligados a ejercer la prestación personal al monarca colaborando unos meses en la realización de diferentes trabajos, como la construcción de monumentos, realización y mantenimiento de los sistemas hidráulicos, etc…

Todo pertenecía al faraón, tanto las rentas procedentes de la agricultura, ganadería y pesca, así como las derivadas de la prestación personal obligatoria. Toda la producción se almacenaba y se redistribuía a través de las instituciones, que controlaban toda las actividades económicas. El intercambio de productos entre distintas comunidades se realizaba a través del Nilo, la principal vía de comunicación.

1.5 Religión egipcia: cosmogonías y panteón de dioses

La religión es un factor fundamental en el mundo egipcio, omnipresente en todos los vestigios que se han conservado de su civilización. Sin embargo, poco se sabe sobre sus complejos mitos. Sólo existen testimonios escritos a partir del 2000 a. C., siendo muchos redactados durante la Época Baja, durante el dominio griego.

Los egipcios tenían muchísimas divinidades, pues originariamente cada tribu tenía sus propio dios principal y  una serie de deidades menores. A medida que el país se unificaba, las divinidades de las provincias dominantes se tornaban más importantes que las otras. Con el tiempo, a este gran panteón se agregaron dioses extranjeros. En este largo proceso aditivo, las antiguas divinidades permanecían junto a otras nuevas, sin necesidad de ser reemplazadas. Igualmente, dos dioses podían asimilarse sin perder ninguno de ellos su identidad.

Los mitos se fueron complejizando y adaptándose a diversas circunstancias, por lo que nunca tuvo una jerarquía coherente de deidades o una mitología unificada. La religión egipcia contenía muchas creencias generales, como la creencia en el Más Allá, una vida más feliz y próspera que la terrenal, pero que también existían ciertos peligros.

Los dioses egipcios, según el principio de dualidad, regían la vida y la muerte, el cielo y la tierra, la noche y el día, la luz y la oscuridad, el orden y el caos. Eran representados combinando atributos humanos y animales, como Sekhmet (cuerpo de mujer y cabeza de león), Hator (con cuernos de vaca) o Anubis (con cabeza de chacal).

Existieron diversas cosmogonías o doctrinas sobre la creación del mundo, siendo las más importantes la cosmogonía solar de Heliópolis, la cosmogonía menfita y la de Hermópolis.

. COSMOGONÍA SOLAR HELIOPOLITANA.

Según los sacerdotes heliopolitanos, antes de la creación solo existía el Nun, es decir, un universo acuoso en silencio y en tinieblas. De estas aguas emergió la Colina Primordial, denominada Benben, apareciendo la tierra frente al agua y proporcionando un soporte a la primera deidad. Es muy probable que esta imagen cosmogónica fuera inspirada por las primeras colinas que emergían en el momento en que se retiraban las aguas de la inundación anual del Nilo.

Un segundo ente surgió, el Pájaro Primordial, denominado Benu, que se posó en la Colina Primordial y emitió un grito, el primer sonido. Este grito implica la aparición del sonido frente al silencio.

El tercer ente que apareció fue el demiurgo solar, es decir, el dios Sol, Atón. El advenimiento del Sol implica la aparición de la luz frente a las tinieblas. Así pues, Nun, el universo acuoso en silencio y en tinieblas se ha convertido en un mundo con tierra (la Colina Primordial), sonido (el graznido de Benu) y luz (el dios Sol). El demiurgo solar es una divinidad que tiene tres aspectos: Jepri (el sol de la mañana representado con cabeza de escarabajo), Re (sol cenital, representado con cabeza de halcón y tocado con el disco solar y el ureo) y Atón (el sol del atardecer, con forma humana y tocado con la corona Shuty de dos plumas de halcón).

2. Las distintas facetas del arte egipcio
2.1 El papel del arte y del artista en Egipto
2.2 Materiales y técnicas del arte egipcio
2.3 La importancia de la escritura en el arte egipcio

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